Por Irene Chikiar Bauer

Virginia Woolf fue una escritora de excepción que alcanzó cierta celebridad en su tiempo, aun cuando durante la mayor parte del siglo XX, las escritoras mujeres no lograban la fama y el reconocimiento de sus pares, siendo los hombres los que llevaban la voz cantante, y los más exitosos. Finalmente, a partir de la década del setenta y gracias a la constancia de sus lectores, y a los esfuerzos del feminismo, en sus vertientes militantes y académicas, se reconoce a Virginia Woolf como precursora del modernismo literario inglés, como personaje de culto, como ensayista, y como autora de textos autobiográficos que, al mismo tiempo que cautivan a los especialistas, impactan en los lectores. Considerada también precursora por las feministas, sujeto de interés para los estudios queer e incluso, en lo que atañe a su salud mental y a la decisión de acabar con su vida, materia de análisis para psicólogos y médicos, haber confesado que sufrió el acoso en su infancia y adolescencia disparó especulaciones de parte de quienes llegaron a afirmar que fue “una niña abusada, una sobreviviente del incesto”. Pero además de sus experiencias personales y de ser una mujer de su tiempo, Virginia Woolf fue una visionaria, cuya exquisita sensibilidad y rigor literario confluyeron en una obra única que no conoce fronteras, ha deleitado a generaciones logrando las más diversas identificaciones y proyecciones, no solo de parte de los lectores, sino de artistas que abrevan en su obra, la reeditan, la interpretan, o crean sus propias obras a partir de ella. Ese fue el caso de Victoria Ocampo, quien deslumbrada por la lectura de Un cuarto propio, en 1929, casi al mismo tiempo de su primera edición, se puso en campaña para conocer a la escritora inglesa y lo logró en 1934. El encuentro de Victoria Ocampo con Virginia Woolf fue fundamental y se dio en una etapa clave de la vida de la editora y escritora argentina, quien había comenzado la revista Sur en 1931 y a delinear su proyecto editorial en 1933.

Para Victoria Ocampo resultó imprescindible instaurar una filiación con Woolf, tanto en el aspecto personal como literario, porque le permitió reconocerse en una genealogía literaria femenina y en una práctica feminista concreta, que se manifestó en su propia escritura. Pero además, y esto fue clave para el campo literario argentino y de lengua española, Ocampo logró que Virginia Woolf aceptara que sus libros se tradujeran por primera vez a nuestro idioma y se publicaran en la Argentina y luego llegaran España y a Latinoamérica. Excéntricas, cada una a su manera, el encuentro entre ellas fue determinante para que la obra de Virginia Woolf se conociera en nuestro idioma y fuera leída y apreciada por Rosario Castellanos, Julio Cortázar, Carmen Martín Gaite, Sara Gallardo, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, y María Elena Walsh, solo para nombrar algunos escritores de lengua española que la leyeron gracias a las ediciones de Sur, y que la consideraron fundamental en su formación literaria.

Así como Victoria Ocampo, muchas escritoras se propusieron escribir como una mujer, siguiendo la fórmula expresada en Un cuarto propio, con la advertencia de que eso no tenía nada que ver con la idea de una escritura “femenina”. En el siglo XXI, son muchas las escritoras que retoman la idea de Woolf acerca de que, como mujeres “pensamos a través de nuestras madres” literarias. Asimismo, nos hacemos eco de su invitación: “escriban toda clase de libros”. A ochenta años de su muerte, cuando sus libros de ficción, sus escritos personales, diarios, cartas y textos autobiográficos circulan por el mundo entero, Virginia Woolf también es recuperada como ensayista personal, un género clave para las mujeres sin educación formal; un género en disputa entre escritores consolidados o habilitados por el solo hecho de perpetuar una voz masculina autorizada, y escritoras emergentes y díscolas. Lo cierto es que en sus textos, y fundamentalmente en Un cuarto propio, Woolf realiza una poética del espacio que, lejos de anclarse en la dimensión estética, comprende su dimensión material y simbólica.

En ese sentido, expone la convicción de que contar con un espacio propio brinda la posibilidad a las mujeres, y a los excluidos del sistema, de emanciparse de los rigores y de las coerciones de la sociedad patriarcal. La escritora que renovó la narrativa moderna, que dejó constancia de su vida en escritos autobiográficos, que parece hablarnos al oído y hacernos sus cómplices en sus ensayos personales, la misma que escribió la novela Orlando, un libro que plantea las posibilidad de un cambio de sexo y abre camino a problematizar cuestiones de1 género; y los ensayos feministas y pacifistas Un cuarto propio y Tres Guineas es, en muchos aspectos, y a pesar del paso del tiempo, nuestra contemporánea. A sus libros, podríamos aplicarle lo que se dijo de su primera novela, Fin de viajeSu literatura está iluminada por el ingenio, por el “esfuerzo constante por decir lo verdadero y no lo esperado, su humor y su sentido de la ironía, la agudeza ocasional de sus emociones, su profunda originalidad”.

Las horas, de Stephen Daldry (EEUU, 2002)

peliculaspro.net/peliculas/las-horas

“Virginia Woolf, una escritora de vanguardia”, otro artículo, en

https://www.cultura.gob.ar/virginia-woolf-una-escritora-de-vanguardia-8683/


Fuente: Ministerio de Cultura de Nación

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