“Bueno, hermanito, te doy un gran abrazo y muchas gracias y corregime las barbaridades que haya dicho y mandamelas”, me dice con una voz que suena a muchas otras y que no llego a dimensionar hasta pasados unos minutos desde el último agradecimiento mío al poeta. Había costado la comunicación por problemas con la línea.

Cristian Adet le había pasado mi número. No quería importunarlo, de modo que le había dicho a Cristian: “Pasale mi número y cuando pueda que me llame. Decile que quiero hacerle una entrevista”. Y no habían pasado ni dos horas y ya me encontraba con la voz de Leopoldo “Teuco” Castilla en el teléfono, llamando desde Buenos Aires.

Habíamos cruzado unas palabras cordiales y había estrechado su mano días atrás, el 11 de febrero, cuando estuvo en la inauguración de un nuevo bosque de la poesía, esta vez en su lugar, la ciudad de Salta. Fue, más precisamente, en el parque Los Lapachos, en Portezuelo Sur, donde por una propuesta de los vecinos se habilitó un espacio con el nombre del poeta Walter Adet. Muchos nombres con hombres por debajo.

Hablar con el Teuco supone ingresar en un tiempo lúcido de belleza que cifra el mundo desde un lugar muy próximo, el propio. Me interrumpió cuando esbozaba una pregunta, porque era el ejercicio de pensar en lo que escuchaba y, a la vez, tratar de tocar realidades muy mías, como por ejemplo cuando me encontré con sus libros en la casa de otro poeta. Fue cuando nombré a Ramón Vera, y el Teuco se sumó al recuerdo. Pasa que Ramón me había pasado libros de Castilla. La poesía puesta a mirar, oír, caminar.

Uno lee en su poesía el viaje, el color de viajero constante… el constante andar.

Desde changuito se me ha dado por irme por ahí, lejos, he comenzado viajando desde muy chico, a los 18 años ha sido mi primer viaje solo al Perú, y desde entonces no he parado hasta hace un año, dos años, de viajar sin interrupción. Y, bueno, andando he ido escribiendo lo que iba viviendo y lo que iba sintiendo y tratando de que los mundos, los pueblos, la gente, todos… todo fuera expresado por ellos, por el ánima de esos lugares, no que fuera yo el que comentara eso, sino que transmitiera el ánima de esos lugares en el poema. Y así fue que de tantos años andando ha salido esta suerte de canto al planeta que son una docena de libros, o algo así, de andar por los cinco continentes.

He leído Era el único planeta que cantaba, y esa reunión entre lugares del mundo y la palabra poética para decir ese mundo es maravillosa. Y, en ese juego, uno se pregunta dónde vive el poeta. ¿Dónde vive Teuco?

Estoy en Buenos Aires y voy y vengo a Salta, nunca me puedo ir ni me iré jamás de Salta, pero la mayor parte del tiempo estoy viajando o estoy en Buenos Aires… por todos lados… Sí hace dos días he estado allá, así que ahora tengo que venir, tengo que ir a inaugurar un bosque de la poesía que han fundado en San Pedro, ahí, al lado del río Paraná, en la provincia de Buenos Aires (fue el sábado 20 de febrero). Y bueno tengo que ocuparme un poco de mis libros que los tengo bastante abandonados con el tema este de los bosques…

Esto de andar por distintos lugares dejando “bosques” tiene que ver con la poesía y con ese mundo que estamos habitando, caminando…

Bueno, los árboles también caminan a su manera, ¿no? Y la poesía también camina y todo camina. Y lo que no camina a veces es el entendimiento de estos codiciosos que están haciendo pedazos el planeta ¿no? Eso es lo que no camina…

Esa es la intención de los bosques de la poesía, mostrar eso…

Los bosques de la poesía son un gesto real y simbólico para difundir esta defensa contra la devastación del planeta que se está haciendo. Y, además, no sólo eso porque los mismos poetas que son Aldo Parfeniuk y Pedro Solans y yo, que hemos iniciado esto del bosque de la poesía, estamos proponiendo que se dicte una ley que declare a la naturaleza sujeto de derechos, aquí en Argentina como se ha hecho en otros países del mundo, y en Latinoamérica en Bolivia, en Ecuador, por ejemplo.

Esto implicaría respeto…

Claro… se acabaría el vandalismo que lo único que trae es desgracia. Por un opa que quiere… que voltea todo un bosque de quebracho, por ejemplo, porque quiere tener diez vacas más, resulta que después vienen 200 inundaciones y barren toda una región. Es la brutalidad, la brutalidad con alcancía…

El primer bosque de la poesía en Argentina lo fundaron en Córdoba, ¿por qué?

Yo ya había fundado bosques de la poesía años antes en Venezuela, en Perú, y cuando vi los incendios estos en Córdoba les dije a estos dos poetas amigos que sería lindo fundar un bosque de la poesía como una respuesta. Y bueno, el primer bosque fue en Carlos Paz, casualmente a causa de los incendios lo fundamos allí …

Eso fue reciente…

Fue diciembre, enero… y la cantidad de bosques que llevamos… ya no sé cuántos. Porque también en Bolivia, en Perú, en Ecuador… hasta a España han llegado los bosques…

Y esto se va replicando…

Sí, sí, es imparable y hermoso, porque además la gente se da cuenta que sin nada puede hacer una cosa hermosa, dejar algo para su pueblo para siempre y, encima, defender la naturaleza y hacerlo con poesía, y sin ninguna cosa fea, ninguna degradación, bajo ningún punto de vista. Un acto de pura generosidad, solidaridad y belleza.

Me está hablando de considerar como sujeto de derecho a la naturaleza y uno piensa que los que están por encima, los gobernantes y empresarios, son los que no entienden…

Bueno, los que están por encima no saben que van a quedar abajo cuando se extinga la especie por la soberbia del poder.

Lectura en el 17 Festival Internacional de Poesía de Medellín, Cerro Nutibara, Teatro Carlos Vieco, julio de 2007.

El Estado argentino, ¿qué hace al respecto?

Estamos tratando de incidir en eso, y hay muchos grupos ambientalistas, están la más grandes, las más importantes instituciones culturales, fundaciones nos están apoyando. O sea que es un movimiento que está en el espíritu de la gente del país porque esta es una cuestión de vida o muerte. Ahí estaba leyendo que si en 30 años no se cierra el agujero en la capa de ozono se acabó el baile… O como decía Stephen Hawking, si siguen así, en 600 años la Tierra va a ser una bola de fuego en el espacio. O sea, esto no es para operías o para cálculos… esto es urgente, es ahora o nunca.

Uno lo ve cotidianamente, más con el tema de la pandemia…

Qué pandemia, no solamente la pandemia, vienen los grandes deshielos, los volcanes, los terremotos, los tsunamis… ¿Qué más quieren que diga el planeta?

Ramón Vera me pasó unos libros suyos, de ese modo conocí su poesía de viajero…

Verita, yo lo quería mucho al poeta ese, gran hermano…

… me acuerdo que Ramón tenía en su casa libros impecables, de tapas negras, editados en España y por él conocí mucho de su poesía… Y Ramón me contaba que usted era viajero y había visto mucho mundo, y que la poesía le servía para decirlo. ¿Qué significa ver, sentir otros lugares, Teuco?

Hay que verlo al hombre en todos lados ¿no? El hombre en el fondo es el mismo, pero hay que verlo en todos lados, porque si no uno se queda desconociendo muchas claves de su espíritu, muchas claves de su cosmogonía que está tan llena de cosas hermosas y locuras… locuras bellísimas que suceden en todos los pueblos del mundo, así como suceden desgracias y terribles e imperdonables ¿no?

Esta cuestión de la poesía de decir lo que nos pasa… ¿está escribiendo?, ¿cómo es su proceso para escribir?

Yo escribo… soy de escribir bastante cuando estoy quieto, soy de anotar cuando estoy andando y de escribir cuando estoy quieto. Y soy más bien… antes era más disipado, pero ahora soy mucho más ordenado y escribo casi todos los días, prácticamente.

Publicar, Teuco, ¿cómo y cuándo lo hace? ¿Usted dice “hasta aquí”?

Uno siente cuando ya los poemas ya no dan más y han llegado hasta donde han podido y, entonces, se publica. Se pública para poder seguir escribiendo porque si no eso pesa mucho, el material guardado… Y yo produzco creo que demasiado material. Escribo muy mal, no debería escribir tanto… (risas)

Lo hermoso de la poesía es que se publica y llega a muchos…

Yo, la verdad, es que escribo pensando en el poema que tengo que escribir en el futuro, a futuro, y con la suerte de que ya los poemas, cuando son publicados, se defienden solos, hacen su otro viaje, su camino…

¿Está pensando en editar algo?

Tengo sí, tengo (risas) seis, siete, ocho libros para sacar, pero los voy a ir sacando de a poco porque si no se van a atorar.

¿Hace cuánto que sacó el último, Teuco?

Hace dos años, el año pasado no publiqué por el tema este de la pandemia. No quise publicar.

¿Cómo se lleva con internet, con las redes?

Absolutamente mal, porque soy absolutamente prehistórico y no me entiendo con esos aparatos, pero bueno, me tengo que acostumbrar…

¿Y pensando en la poesía y en la publicación por internet?

Bueno, la poesía ahora se va a difundir un montón, por internet, por estas redes… porque con el encierro nadie se lee una novela por teléfono; entonces, la poesía ha encontrado la posibilidad de difundirse y ha llenado, ha invadido el mundo de poemas, lo que me parece una maravilla.

Cada tanto viene a Salta, ¿cómo la recuerda en los 70, en los 90?

Cada tanto voy a Salta, y yo nunca me voy de Salta, que es distinto. Así esté lejos o así así me haya ido nunca me voy de Salta, eso es un territorio mío, donde además tengo unos 400 años de sangre mía y, entonces, imposible que yo me vaya. Así que a esa tierra la quiero mucho y la veo… lo que más me gusta de los salteños es que la quieren a su tierra y espero que sean todos porque, lamentablemente, también hay algunos comprovincianos que la usan, pero no la merecen.

Bueno, Teuco… muchas gracias…

Bueno, hermanito, te doy un gran abrazo y muchas gracias y corregime las barbaridades que haya dicho, y mandamelas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí