Personalidades de la cultura como Florencia De La V, Claudia Vasquez Haro, Camila Sosa Villada, Susy Shock y la propia Marlene Wayar son emergentes minoritarios de una realidad que violenta a las disidencias trans y travesti, una minoría dentro de los colectivos que conforman nuestra sociedad que se autopercibe por fuera de los cánones sociales hegemónicos. “Esta sociedad se debe una discusión profunda a partir de las disidencias, de cómo está en relación a la jerarquización, la discriminación y segregación de determinadas corporalidades a las que finge no ver y que claramente están sometiendo a un genocidio. Las travestis tenemos un promedio de vida de 32 años y esto muestra que el Estado y las sociedades son altamente exitosas en el exterminio de la comunidad travesti”, sostiene Wayar, flamante incorporación a las filas de Palais de Glace para coordinar el área de Educación.

¿Cómo se transita el mundo y se es travesti hoy?

Estamos consideradas divas, estamos en el mundo académico, somos activistas y trabajadoras de la cultura, ganamos premios de literatura y el favor del público como cantantes y poetas nacionales e internacionales pero esos son nombres propios: Florencia De La V, Claudia Vasquez Haro, Camila Sosa Villada, Susy Shock o Marlene Wayar, Alba Rueda (subsecretaria de Políticas de Diversidad de la Nación) como una primera funcionaria, pero la verdad que estos son nombres propios, somos un puñado. Somos una minoría dentro de la minoría y la inmensa porción de ellas siguen en situación de prostitución. Si son adultas se encuentran luchando en sus hogares frente a la incomprensión de sus familias, y una minoría está luchando con su familia en la incomprensión de los ámbitos primarios de socialización como son la escuela primaria y el derecho a tener un DNI que las registre sin ser conducidas al binarismo. Porque el Renaper, el organismo que otorga el DNI, no hace una interpretación profunda del significado de la Ley de de Identidad de Género y de sus preceptos como la auto percepción.

La pandemia ha puesto sobre el tapete que somos una comunidad altamente dependiente de la dádiva social y del entramado del sistema de explotación sexual en donde si no tenemos esa posibilidad la solidaridad es muy poca o nula, ya que estamos privadas de las herramientas de alfabetización general y de la alfabetización digital. Si buscamos en Google la palabra travesti lo primero que salen son definiciones de como el mundo todavía está intentando taxonomizarnos y negar quiénes somos por su negación a escucharnos a nosotras mismas y dejarnos construir nuestra propia identidad. Luego son noticias sobre de prostitución, oferta sexual y puras burlas en YouTube y filmaciones de agresiones a personas travestis, sometimiento a la violencia de manera expresa que ni siquiera reciben la censura de un sitio altamente censurador de imágenes como lo es Google.

¿Qué falta hacer desde las políticas públicas?

Es mucho lo que resta hacer desde las políticas públicas. Debemos comenzar convocando a las personas a ser parte del diseño y la implementación de esas políticas, nos hace falta que el Estado comunique de la misma manera que lo hace con las medidas de prevención ante la Covid, de la misma manera debería comunicar sobre la no discriminación por cuestiones de identidad de género en los medios masivos de comunicación. Siempre somos como un apartado dentro de las políticas públicas. Hace falta implementar la ley de educación sexual integral y reformarla incluyendo a las disidencias en sus propios términos; un profundo ejercicio de descolonización para entender que la colonización también es en términos de heterosexualidad y binarismo de la existencia humana.

¿Otros proyectos?

Pensar otros proyectos es convocar en el ámbito de la justicia a discutir la severa denuncia del genocidio travesti que se viene realizando. Cuando hablo del genocidio, al que nombro Identicidio, no lo hago en base a mi pensamiento y deseos, sino que me ajusto a lo estableciendo en términos de derechos humanos como concepto jurídico estricto de genocidio y crímenes de lesa humanidad. Este Estado y los estados de toda la región deben afrontar este planteamiento. Deben aceptar la culpa e instarse a resarcirnos en justa medida porque nos han hecho perder la infancia, la adolescencia, la juventud y la adultez, y en términos complejos nuestra salud psíquica, física y perjuicio material y económico. Todo se ve plasmado en ese promedio de vida de 32 años con causales de muerte que son en gran número la violencia estatal y social, y otras por causas evitables.


Fuente: Télam

Imagen: Nature Girls “(Jumping Janes)”, de Martha Rosler

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