Nadia Szachniuk y Juan Falú editaron “Falú por Nadia y Juan”, un disco que reúne composiciones de Eduardo y Juan Falú. El viernes, a las 21.30, la cantante y el guitarrista lo presentan en la Usina Cultural. El apellido Falú es parte de la música argentina. Eduardo, su guitarra y voz, junto a Jaime Dávalos y otros poetas conjugaron tierra y sentimientos. Juan pertenece a la generación que sucede a aquella fundacional y hoy es un referente. 

Interpretadas por la voz de Szachniuk y la guitarra de Falú, las piezas de estos creadores nos devuelven una vez más un espejo enorme donde mirarnos. El Tribuno dialogó con Nadia Szachniuk sobre esa música y lo que convoca.

¿Cuándo se conocieron con Juan?
Nos conocimos en las reuniones que se hacían en el Hotel Bauen, hará unos 13, 15 años o más, en torno a la ley de la música, fuimos parte de una comisión federal dentro de lo que fue la ley de medios y de lo que después fue el Instituto Nacional de la Música, el Inamu. Durante un año nos juntábamos en la UMI (Unión de Músicos Independientes) y después, en el 2010, lo convocamos a Juan -con Eva Sola- para hacer nuestro primer disco que grabamos en el 2011, “Vidala”. A partir de ahí, compartimos música, la gira de presentación; él después me convocó para las actividades de “La música interior” y también para ser docente de canto en la Licenciatura de Música Argentina, en la Unsam, Universidad de San Martín, de Buenos Aires. Tenemos grabaciones en común, videos, en internet hay mucho material. Y, además, el año pasado nos convocaron para tocar en los actos de Güemes en Salta, y después nos fuimos a tocar en el acto por los muertos por Covid, en el homenaje que se hizo en el CCK. Y nace de ahí la idea del disco; luego de haber compartido música y arte por tantos años, le hice esta propuesta y él estuvo encantado y emocionado de hacerla.

Es como si nosotros, los intérpretes, los músicos de otra generación, recibiéramos una caja llena de recuerdos y de historias que se fue actualizando… Y cantar las canciones de Eduardo representan una memoria de mi cuna, una memoria musical muy instalada en mi infancia, en mi adolescencia.

Sí uno escucha a Juan y a muchos músicos de tu generación, hay una forma parecida de sentir el folclore. ¿Qué los une?
Nos une el amor por la cultura propia, eso es lo principal. Los dos amamos no solo la música, hay algo ahí como del arraigo de la tierra, de las empanadas, del vino, del lenguaje, de las palabras… de la cultura. Las historias que nos unen son las que cuentan las canciones. Las canciones cuentan historias que hablan de nuestra cultura. Y, también, seguro que nos une una estética en relación con ese amor por la cultura, que tiene que ver con el respeto por las formas tradicionales y también una mirada contemporánea sobre eso… Salirse de las formas estructuradas, pero conociéndolas. Es una declaración de principios en la que ambos coincidimos.

¿Qué sentís cuando interpretás “Milonga del alucinado”, “Resolana”, “Las golondrinas”?
Nombraste canciones de Eduardo. Este disco es un sueño cumplido porque reúne la obra compositiva de Juan con la de Eduardo en un lugar en el que están a la par. Eduardo es un enorme artista como intérprete, como compositor y también como difusor de la música argentina en todo el mundo, y eso Juan lo continúa, respetando ese legado que recibió y, a la vez, reformándolo y actualizándolo. Y eso conserva una línea. Es como si nosotros, los intérpretes, los músicos de otra generación, recibiéramos una caja llena de recuerdos y de historias que se fue actualizando… Y cantar las canciones de Eduardo representan una memoria de mi cuna, una memoria musical muy instalada en mi infancia, en mi adolescencia. Yo sin saber quién era Eduardo ya lo tenía escuchado. De grande entendí quién era, lo conocí a Juan y supe que era su sobrino… pero antes yo ya sabía sus canciones y eso sucede cuando un autor se convierte en alguien realmente popular, cuando esas canciones están en la boca del pueblo. Aunque en este disco, que se llama “Falú”, lo nombramos porque es una celebración de esa reunión y de ese legado.

Muchos de tu generación se referencian en Eduardo, en Juan… ¿qué creés que sigue diciendo esta música?
En las canciones siempre se filtra lo que uno es, aunque uno no sepa muy bien qué es… (risas) Aunque uno no quiera, se filtra todo lo que uno es, por eso es imposible escaparle a la contemporaneidad cuando uno aborda algo que es antiguo, y en eso yo siento que mi carrera entera está basada en ese pensamiento. Todos mis discos tienen un rasgo de antigüedad y un amor por aquello que tiene mucho tiempo caminado. No lo antiguo como algo exótico o bello… Me interesa cómo le pasa el tiempo a las cosas, cómo hay cosas que se maceran con el tiempo y ese macerado es lo que me atrae. Entonces, cuando canto “Las golondrinas”, entiendo que yo les estoy cantando a las golondrinas que yo veo por mi ventana; no son las golondrinas de Eduardo de hace 60 años, o de Jaime Dávalos, que hizo la letra… son las que yo veo. Y entonces se me hace más carne todavía… este disco tiene más contenido para mí, esas golondrinas yo sé cuáles son. O canto “La nostalgiosa” y entiendo, porque yo también me fui de Salta 20 años, y sé lo que es mirar hacia el horizonte y tratar de ver dónde están los cerros porque no los ves, y ves toda una ciudad de cemento, pero tus ojos, tus retinas, están buscando el cerro, algo con lo que vos naciste, te criaste, que sentís. Y, de alguna forma, todas esas canciones siguen vivas, están presentes, son actuales y por eso son clásicos, por eso quedan en la memoria de las personas, porque no solo son bellas, sino que además están llenas de contenido que tienen que ver con la cultura, hablan de quiénes somos nosotros como salteños, como argentinos, y también como seres humanos, en el sentido de que hablan de cosas simples y complejas como el amor, como las canciones tan profundas que tiene Eduardo con esas letras increíbles y esas músicas que te abigarran el alma. Cuando mi generación canta estas canciones estamos, de alguna forma, trayendo clásicos y los clásicos son clásicos porque todavía está viva la emoción que impulsó esa canción, está vivo ese paisaje… y las canciones que están en este disco, las de Juan y las de Eduardo, tienen esa característica: son clásicos. De hecho, son canciones muy versionadas y fue un gran desafío decidir hacerlas. Podríamos haber hecho inéditos, podríamos haber hecho canciones no conocidas, pero decidimos hacer los clásicos.

O canto “La nostalgiosa” y entiendo, porque yo también me fui de Salta 20 años, y sé lo que es mirar hacia el horizonte y tratar de ver dónde están los cerros porque no los ves, y ves toda una ciudad de cemento, pero tus ojos, tus retinas, están buscando el cerro, algo con lo que vos naciste, te criaste, que sentís.

¿Qué es interpretar?
El acto interpretativo sucede cuando uno encuentra un material que lo emociona hasta un punto en el que no puede escapar de eso. Uno siente necesidad de abordar eso y hacerlo parte de uno. En ese momento entrás en un lugar que es muy creativo, tanto como si vos fueras el que compuso esa canción, el que pinta ese cuadro, el que hace esa obra de teatro… cualquiera de las artes. Realmente es una relación muy íntima con la obra, cuando uno como intérprete siente que algo hizo mella en uno y capaz que dura un segundo ese sentimiento, pero ese segundo es suficiente como para que uno tenga el impulso de hacer parte esa obra de uno y de hacerse parte de esa obra. Siempre es la obra la que te tiene que impactar y no al revés, no es que vas a buscar un material tratando de llevarlo a un lado. La magia está en el momento cuando uno ve algo y lo emociona tanto que no puede escapar de eso. A mí me pasó con algunas canciones, y yo sé que esas canciones guiaron mi camino después. Y este disco tiene algo de eso. Entonces, cuando voy a interpretar estas canciones estoy todo el tiempo parada en un lugar en el que la obra me está hablando a mí y, mediante ese movimiento, yo me vuelvo creativa, sin quererlo entro en un lugar en el que siento que cada vez que canto una canción que tiene 50, 60 años yo siento que la estoy haciendo en ese momento, la entiendo tanto… Es mía y yo soy suya también, y no es místico lo que digo; al contrario, es algo muy práctico, tiene que ver con entrar tanto en la canción, pero no desde un lugar estructural o comprender musicalmente las cosas, teóricamente, sino de comprender qué quiso hacer Eduardo cuando de repente dice: “Perdón, te digo adiós, sí perdonas podrás olvidar”… Es decir, cómo hizo esa melodía, por qué le pasó esa melodía, porque él tomó esa letra y realmente ya tenía una cadencia, y él pudo componer de una manera tan gloriosa que todavía hace sentido a quien la canta. Y eso son los clásicos, ¿no? Eso es lo que los hace clásicos, que tienen total coherencia y tienen el mismo nivel discursivo, musicalmente y literariamente hablando. Para mí, la interpretación tiene que ver con todo eso, con poder encontrarse en ese lugar, y es un lugar en el que uno se convierte en creador también, no autoral, no desde la autoría, sino desde la misma creación.

Fuente: El Tribuno

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