Mariana Eva Pérez es una escritora y politóloga que nació en Buenos Aires en el año 1977. Motivada por la desaparición de sus padres durante la dictadura militar argentina, escribe alrededor de las temáticas de la desaparición, de la memoria colectiva y de la búsqueda de la verdad.

Realizó obras de teatro como Instrucciones para un coleccionista de mariposasPeaje y Ábaco; y blogs tales como Decía mi abueloIrma y Orlando y Diario de una princesa montonera – 110% Verdad. Este último se convierte, posteriormente en el 2012, en un libro.

La nueva edición del Diario de una princesa montonera-110% verdad establece el cierre de una una búsqueda literaria y personal. Recupera distintas etapas y puntos de vista de la protagonista que aluden a la investigación académica, a la residencia en otro país, a la maternidad y al juicio por la desaparición de sus padres. El libro marca una recurrente indagación y un modo de reconstruir, sanar, reparar o instalar cuestionamientos.

Fue en ese ida y vuelta con sus editores que supo que, además del juicio, debía narrar esa experiencia distanciada con su país de origen. “Me costó muchísimo encontrar qué podía ser interesante porque tenía miedo de contar en una clave snob y tilinga la vida en Europa”, confía. Pero precisamente en ese tramo del relato lo que se expone es el exilio y la maternidad, como un rol que le permitió dimensionar algunas experiencias propias y abrir otras perspectivas para pensar el trauma, el dolor y la filiación.

En la tercera parte, el libro se concentra en el proceso judicial por el secuestro y desaparición de sus padres, José Manuel Pérez Rojo y Patricia Roisinblit, el 6 de octubre de 1978, militantes de la organización Montoneros que fueron trasladados al centro clandestino de detención de la Regional de Inteligencia Buenos Aires (RIBA) de la Fuerza Aérea.

¿Qué significó ese juicio?

Me cambió de una manera enorme. No tengo muy pensado cómo pero hay como una suerte de tranquilidad, como haberme sacado un peso de encima. Y, de verdad, me gusta no ser los únicos que la pasamos mal por esta historia, me gusta saber que en algún lado ahora Luis Tomás Trillo (ex jefe de la RIBA), el único que queda vivo de los tres condenados, la está pasando mal. Yo la paso mal y él también la pasa mal. Pero él hasta el 2013 la pasó bárbaro porque no sabíamos ni su nombre, nunca había estado imputado ni escrachado y ahora la pasa mal. Eso fue una sorpresa, no pensé que iba a tener este costado un poquito revanchista”.

¿Cómo intervino la maternidad para repensar tu identidad?

No había tenido bebés cerca, no tenía sobrinos cerca, no sabía lo que era un bebé de 15 meses que veía y que entendía. Haberlo transitado del lado de ser madre obviamente sí cambió y me conectó, con dolor pero también con la certeza de que todo aquello que no recuerdo en mi convivencia con ellos existió: fue real, los conocí, hubo cariño. Nadie va a poder sacarme eso de adentro aunque no lo recuerde.

Por otro lado, es muy clave el momento en que la princesa montonera viaja a Buenos Aires coincidiendo con los 15 meses del hijo y tiene miedo de tener miedo y se encuentra con la amiga que se está muriendo, que es Marie, Maria Vázquez, la de la película “El cuaderno de Nippur” y de pronto ve la historia desde su lado, desde la mamá que sabe que va a morir y no va a poder ver crecer a su hijo. Eso también fue una manera tremenda, dolorosa, que me permitió comprender un poco más por lo que deben haber pasado mi mamá y mi papá.

Lo difícil fue cómo hacerle lugar a hablar del dolor sin generar una cosa que haga que el que está del otro lado cierre los oídos porque el relato es insoportable. Yo conecté cosas dolorosas que me desafiaron todavía más a pensar cómo contarlas para que la segunda y tercera parte no se convirtieran en el Nunca Más personal, en una suerte de catálogo de cosas horribles una atrás de la otra.

¿Interrogar al pasado es una tarea que nunca termina? ¿Cómo vinculás eso con tu trabajo como investigadora?

Tampoco se trata de interrogar el pasado como hobby: el pasado vuelve. En Alemania, durante mi tesis de doctorado, me acerqué a un nuevo campo de estudios, que se conocen como los “estudios espectrales” a partir de Marx, Derrida, un campo extraño donde se cruzan filosofía, literatura sociología, diversas cosas. Y desde ese lugar aprendí algo muy sencillo que yo sentía, con mi experiencia de trabajar, el tema de la desaparición. Y es que son desaparecidos, por la característica espectral que tienen, porque fueron reducidos a la espectralidad; porque se convirtieron en presencias/ausencias que no están ni vivas ni muertas, su acción principal es volver, aparecerse. Entonces, no es que yo vuelvo al pasado porque me interesa sino que, más bien, es el pasado que vuelve a decir que las cosas no están resueltas, que hay 600 cuerpos en el equipo de antropología forense esperando a ser identificados, pero que la mayoría de los cuerpos no los encontraremos nunca.

Cuando vamos a un lugar de memoria, que antes fue un lugar de tensión y exterminio, las sensaciones que nos atraviesan no son subjetivas sino que tienen que ver con estas cualidades detrás de la desaparición que no fue ninguna casualidad sino que fue algo buscado, estaba en la intención y si te remitías a la entrevista de Videla, él explica con todas las letras “no está ni vivo ni muerto, está desaparecido”. Entonces, no es que yo me interrogo el pasado porque es un interés teórico sino porque es el pasado que no me deja tranquila, porque vuelve, porque hay pesadillas, miedo, porque afecta a mis hijos, a mis amigos, porque tengo amigos que pasaron por cosas similares y se enferman, se mueren o se suicidan. Este tema no está en paz porque no hicimos la justicia que tenemos que hacer todavía y no encontramos la verdad y por eso es un tema que nos sigue interpelando a toda la sociedad.

Fuente: Télam

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