Argentina, país tan diverso como otros, ya está pensando en la incorporación del lenguaje inclusivo en las diferentes instituciones educativas, políticas y administrativas. “El uso del lenguaje inclusivo forma parte del conjunto de acciones que debemos llevar adelante para desarmar estereotipos y promover la igualdad de género”, señala el Estado en una propuesta de trabajo. Podríamos esbozar una historia de esas inquietudes a los efectos de ponernos en situación. La conferencia de María Teresa Andruetto en el Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en la provincia de Córdoba, en el 2019, podría ser un engranaje más en esta demanda que desde hace años viene tomando cuerpo en el país. Y continuó con la incorporación de una agenda de políticas públicas de género a llevar a cabo por el Estado a través de una cartera específica.

El Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad

Esta cartera ministerial fue creada el 10 de diciembre del 2019, bajo la presidencia de Alberto Fernández al inicio de su mandato. Su objetivo es diseñar, ejecutar y evaluar políticas sobre género, igualdad y diversidad. Una de las políticas que promueve es el uso del lenguaje inclusivo en diferentes situaciones de la vida. Para eso, propone una guía para una comunicación con perspectiva de género destinada a lxs empleadxs de la Administración Pública Nacional y, sobre todo, a aquellxs quienes son responsables de la construcción de la lengua, tales como lxs docentes.

“En nuestro caso, como funcionarios, funcionarias y funcionaries del Estado, tenemos una gran responsabilidad porque nuestro trabajo está orientado a garantizar los derechos humanos de todxs y eso implica involucrarnos activamente en la promoción del uso de un lenguaje que dé cuenta de todas las personas, grupos o colectivos que formamos parte de la sociedad y evitar las prácticas que las dejan en los márgenes del desarrollo discursivo, poniendo obstáculos a su posibilidad de habitar el mundo en igualdad de condiciones”, afirma una publicación del Ministerio en dicha propuesta.

Sobre (Re) nombrar, una guía para comunicar(nos)

Lenguaje inclusivo

El Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad propone una guía de comunicación con perspectiva de género, y está disponible en la página: https://www.argentina.gob.ar/generos/renombrar-guia-comunic-con-persp-de-genero. Este documento replantea algunos recursos lingüísticos “naturalizados”, tales como el sustantivo “hombre” -que apela a constituirse como sinónimo de la especie humana-, los duales aparentes -por ejemplo bruja y brujo, zorra y zorro están cargados de valores diferentes para la mujer y el varón-, los vacíos léxicos -caballerosidad, hombría de bien no tienen equivalentes en otros géneros-, el orden de representación -suele darse prioridad a lo masculino-, y propone otros usos.

La propuesta resulta muy útil para reflexionar sobre los usos que se hace de la lengua, apunta a volver a nombrar las cosas de otra forma y permite el respeto por la identidad de los otros y de uno mismo. Lo interesante es que no sólo plantea el uso de la “e” o la “x” sino de otras formas, neutrales, para aquellxs que no deseen o no puedan incorporarlas, de manera inmediata, en su habla o escritura.

¿Por qué molesta tanto?

En las redes sociales y en las conversaciones comunes, existen burlas, chistes, memes y comentarios críticos que se resisten a la utilización de un lenguaje inclusivo, y no sucede lo mismo con la incorporación de palabras extranjeras o “inventadas”.

La lengua no solo es un instrumento de comunicación, sino también de identidad. De este modo, cuando Ferdinand de Saussure, el padre de la lingüística, planteaba que la lengua es un contrato social entre los individuos que la usan, ya advertía que ella está atravesada por relaciones sociales y por prácticas culturales de las diferentes sociedades. Hablar y escribir con perspectiva de género implica asumir un cambio en esas relaciones y prácticas.

“El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua que habitualmente nos es invisible. Claro que compartimos la lengua y que ella no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas”, advertía María Teresa Andruetto en el Congreso de la Lengua Española, en Córdoba, en el 2019. “Claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en un lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética de la lengua, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emociona, nos complejice”, dice la escritora.

Hablar bien, hablar mal y la normalización

Se escucha, muchas veces, que hablar y escribir en lenguaje inclusivo es hacer mal uso de la lengua o es hacerla impura. Pero, ¿qué es hablar bien y qué es hablar mal?

Hablar y escribir bien es, para algunos/ muchos, utilizar correctamente la lengua ideal, que es la española[1] y no respetar esto es hablar y escribir mal. Pero, se olvidan que la lengua es de muchos y de nadie a la vez, que expresa una forma de identidad, que va más allá de la individualidad, que está cargada de historicidad y de representaciones.

Andruetto lo manifiesta de esta forma: “Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, solo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje es –en palabras de Althusser- una forma, entre otras, de práctica política”.

Lo bueno de todo esto es que en Argentina ya hay una política pública sobre la utilización del lenguaje con perspectiva de género, cuestión de la que se quejaba la escritora cordobesa en ese congreso, desarrollado unos meses antes de la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. 


[1] Aquí empleamos a propósito la expresión lengua española y no castellana para referirnos a quienes adhieren al uso de esta denominación desconociendo las otras lenguas que se hablan en España.

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