Hermana muerte
mi corazón es un fruto cerrado
donde no cabe tu mano
Antaño tu rostro asomaba
-tu rostro siempre era la imagen
de los viejos libros de la infancia-
detrás de las puertas de otoño
donde las penas no eran sino extraños doblones
tributos de una vida sin don

Ahora mi melancolía
reposa a la sombra de sus párpados
Por mis venas camina dulce
la voz de mi niño

Mirada soy de vida y de infinito
(“Adviento”, en El que vino de lejos)

1. El que vino de lejos es el nombre que Kuky Herran eligió para los poemas que publicó en 2009. Su séptimo libro tiene una noticia. Dice: “… peco de poeta confesional, pero ¿acaso puede no serlo cualquier madre a quien inspira la epifanía que son hijas e hijos? Con él caminé días de sol y la atroz noche de la dictadura. Junto a él sigo aguardando la llegada de la luz definitiva ‘cuando estaremos desayunados todos’”.

2. Kuky, su memoria palabra arborescente, nos enfrenta a la belleza de la poesía, al amor a los otros y a la revolución de esa mañana, “cuando estaremos desayunados todos”, de la que hablaba César Vallejo. Palabras de una tremenda densidad para los que participaron de la generación del 60, en todos los sentidos y desde los más diversos oficios. Kuky -referente de esa generación y habitante deslumbrada, dolida y luminosamente comprometida con su tiempo (el presente, el transitado y el que vendrá, el posible)- dice y hace mucho por/ con esas palabras que para ella eran vida, vidas. Maestra en todos los niveles de la educación, profesora de Filosofía, docente universitaria, caminó los espacios diversos de su pueblo y de su gente. Y construyó desde la belleza de su palabra un lugar para reunir esperanza y memoria.

3. Si uno quería verla, reencontrarse con ella, sabía que dos fechas eran citas ineludibles desde los primeros 80, el 24 de marzo y el 6 de julio, ambas recordaban lo ocurrido en 1976. Kuky estaba en la plaza el 24 y en el Portal de la Memoria o en Palomitas, el 6 de julio. Abrazos, palabras afectuosas, miradas desde lejos alcanzaban para saber que este era el tiempo y este el compromiso, y que estábamos vivos y en permanente solidaridad: ella como muchos otros de nuestros viejos estaba allí.

4. Martina, una profesora que nos descubrió a muchos el pensamiento de Antonio Gramsci a propósito de las teorías literarias, vivía frente a la plaza 9 de Julio, en un segundo piso. En varias oportunidades la visité, tenía por ella un profundo cariño. Algún viernes, cuando el ruido de parlantes y bombos se escuchaba en la plaza, dijo tan naturalmente: “¡Ahí debe andar la Kuky, con sus luchas!”. Alguna vez fue “con sus indios”; otra, “con sus docentes”, Otra, “con sus desocupados”. Y sí, era la Kuky, y su poesía sostenida con su palabra y también con su militancia.

5. Incesante memoria, por ejemplo, libro que reúne poemas escritos bajo el dolor/ napalm arrojado sobre el continente, el país por el imperialismo y sus acólitos locales (Judas devaluados rapiñando oficinas y ministerios, rompiendo fotos y destruyendo espejos y respiraciones con la colonia como insignia a cuestas), ese terror planificado y ejecutado por la dictadura y sus patrones, en su edición de 2011 (había sido publicado por primera vez en 1985, Tunparenda, proyecto editorial que entre muchos sostenía Jesús Ramón Vera en su casa de la Villa 20 de Febrero, lo editó) lleva palabras de Kuky a Holver Martínez Borelli, poeta. Le dice: “Si no hubieras muerto en el exilio, si estuvieras aquí entre nosotros entregándonos como lo hacías tu corazón, tu poesía, tu fervor por un mundo nuevo, te habría pedido que me prologaras estos versos que me fueron naciendo en este tiempo atroz. Y sé que habrías aceptado porque vos viviste como pocos este dolor de ver desaparecer y morir a los mejores”. Y transcribe el poema “Canción”, de Holver. Y despliega en las páginas de ese libro tantas vidas y memoria…

6. Y luz para ver el horror que también se había esparcido sobre nuestros lugares (Kuky me contó que muchos de esos poemas de urgencia, paridos al calor de las lágrimas que querían abrazar a los amigos arrebatados a la vida, a las calles, fueron sacados del país en valijas diplomáticas). Un poema de ese libro:

7. En el 93, un verso de Kuky simplemente apareció en la primera novela que escribí. Era de Blues del contraolvido, libro del 91. Los primeros versos de “Romper el cascarón” dicen: Todavía imaginarnos transgresores/ presos en la placenta de lugares comunes/ no hicimos estallar una granada en el corazón de los días que idénticos transcurren…

8. Nunca le mostré esa cita irreverente de alguien que quería escribir como Vallejo, como ella: “Es cierto que vivo enclaustrado entre estos pasteles manchados por posters de los 70 y este cielorraso bajo y oscuro en el que imagino el infierno de Rimbaud, alucinado por Floyd, mientras fumo tendido en la cama; que ignoro qué pudo haber ocurrido u ocurre cruzando la puerta; que me han dicho que mamá se fue hace algunos días y no volverá; que el viejo me mandó a la mierda hace algunos años, cuando descubrió que me rateaba no sólo del colegio sino también de los días que idénticos transcurren (esto lo leí en uno de los libros que están en el piso) y no importa. Lo cierto es que transcurro como los días de la poeta que escribió que idénticos transcurren, y es así que me descubro en la noche sin más luz que la del faso y con la música no muy alta que se filtra por los poros, los cimientos derruidos de mi sangre, de la casa”.

9. En el 97Tan sin mí, una novela en la que creía Ramón, un encuentro con Gelman, con Castilla, con Charly García, me descubrió convocándola de nuevo, en sus páginas anda Kuky con esa bella “montgolfière cargada de utopías”. De hecho, “Posibilidad” (otro poema de Blues del contraolvido) es el portal lírico de ese relato. El último que dejé en el mar inmenso de las pasiones, y que quizá toque algún puerto, se lo dediqué. Y luego tuve que escribir otras palabras para ella porque no tuve tiempo de mostrarle el libro y la dedicatoria inicial. Dicen: “Kuky, ¿sabés?, te vi en el 91. Estaba Menem con sus ministros en el monumento a Güemes. Era junio. Hubo policías bajando banderas, hubo corridas y algunos fueron a parar a la primera. Vos estabas ahí, diciendo con tu cuerpo lo que tu poesía había dicho para siempre respirando esa, la incesante memoria. Dabas cuenta de ese tiempo de desesperanza y sembrabas panes de esperanza para mejor esperar la mañana eterna en la que estaríamos desayunados todos. Kuky, esto que está siendo es para vos, para Zulma -por vos, por Zulma-. Las dos, madres que sueñan un mundo mejor para sus hijos. Y no lo supiste, o sí, no sé. Le pasé a Amelia estas páginas para que las lea, y leyó la dedicatoria que quería mostrarte, ‘A Kuky, su ardiente militancia’, y no, no pude. Porque te fuiste antes. Qué puedo decir desde este lugar en el que la voz de Mina canta “Oh, Darling”, esta madrugada de abril del 2019, las 6.05 más precisamente del 5. Vos sabés, Kuky, que este es el tiempo, que nada puede separarnos de nosotros desde que el Che nos hermanó en el aliento de una América libre, hermosa, viva en toda libertad, hasta la victoria siempre, como decía Ramón, como dicen millones de hermanitos, Kuky”.

10. Marzo de la memoria. Y, justamente, marzo y el otoño naciente convocan a la memoria de muchas personas que han bendecido la condición de estar vivas y de dar amor. Teresa Leonardi Herran, Kuky, en Salta, en la plaza del 24, era una de nuestras referencias, había atravesado los 70, década oscura y luminosa, en estos nuestros lugares. La poesía, “un arma cargada de futuro”, corría urgente por su voz, y con ella y con el cuerpo Kuky daba cuenta de un tiempo sin tiempos, duro, violento. Un 11 de marzo también del 76, por ejemplo, Miguel Ragone -el Médico del Pueblo, el hermano, el compañero, el que había sentido como propio el dolor ¿ajeno?, el que sintió como propia la oprobiosa realidad del indio, ese paisano que aún hoy vale menos que un costal de soja o de azúcar- fue arrancado de su pueblo, de su médico, de su tiempo. Un 25 de marzo del 77, por ejemplo, el periodista y escritor y militante Rodolfo Walsh fue asesinado. Había alcanzado a mandar “La carta abierta de un escritor a la junta militar”…

11. Y, Kuky, un 26 de marzo, hace un año, nos dejó. Y esta palabra, también arborescente, es el puente a otras: dejó poesía, dejó compromiso, luz para caminar estos nuestros tiempos tan difíciles como cualquier otro tiempo.

12/ Cierre. “Junto a él sigo aguardando la llegada de la luz definitiva ‘cuando estaremos desayunados todos’”, escribió Kuky en El que vino de lejos. Poemario en el que habla con Martín, su hijo, desde su amor de madre, desde su poesía, y nos lega una excusa más para quererla y querer parecernos a ella.

Marzo de 2020

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