Por Coco Barraza

Hace unos días, nuestro Presidente, peronista, habilitó oficialmente a una comisión de notables llamada Consejo Económico y Social, integrada por personas de diferentes sectores e incluyendo a nuestro premio Nobel de la Paz señor Adolfo Pérez Esquivel. Y asesores a nivel internacional, entre los que se encuentran el expresidente de Uruguay José Mujica y la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff. Esto define una línea de acción y de objetivos. Nuestro Presidente habló de qué país queremos, de qué mirada de valores necesita Argentina en estos momentos. Habló de la pobreza, de niños que comen cartón.
“Lo mojan y lo comen”, dijo.


Habló de rescatar a los que están dentro del pozo, los que nada tienen.

***

Siendo niño, pregunté:
—Dígame Madre, ¿quién es mi papá, o… quién fue?
Me miró un momento en silencio. Levantó los hombros:
—Usted mejor no pregunte. Estamos bien así, ¿no?
Le dije que sí.

Aquí el tiempo pasa muy rápido y mi Madre, nuestra llamada Madre, había envejecido. Vi cómo en una semana el pelo se le puso blanco, blanco. Primero se lo teñía en un lavador de lata, que encontramos en el resbaladero del basural. Se le notaba el teñido: manchas pequeñas en las sienes y en las entradas. Después dejó de hacerlo. Se la pasaba en la cama, doblada en sí misma, o sentada bajo la sombra del árbol que había plantado en la vereda uno de los hermanos más grandes.

Una tarde que pasaba por su lado, ya era yo algo más que adolescente, me dijo:
—Ya nadie conversa conmigo, y tengo tantos secretos…
Sentí escalofríos en la espalda. Se me doblaron las rodillas. Me alejé. Fui al almacén a comprar vino para ella y para mí. Pero no la escuché. No quise saber. En ese ahora, tuve miedo, miedo de saber y me alejé.

En esta familia éramos todos hermanos. Porque no sabíamos si primos, sobrinos o qué. Aquel país imaginario, llamado Macondo, en su confusión de parientes al lado de esta realidad queda sólido y transparente. No sabíamos quiénes eran nuestros padres. Muy pocos tenían ese privilegio. Muchos teníamos dudas de nuestras madres. Podían ser a la vez primas o tías o hermanas.

Se nacía por nacer nomás, y te quedabas ahí, nacido. Sin raíces. Sin pertenecer a nadie ni a nada. Nuestras mujeres eran madres siendo apenas niñas. Nuestros padres, sombras.
Haciéndonos los dormidos escuchábamos:
—Miré por la ventana y vi a ese joven esperando el colectivo. Abrí la puerta, el joven entró. Yo tenía al bebé en brazos. Me quité la pollera y lo envolví con eso nomás. Lo puse en el piso, y cojimos.

La mayoría fuimos engendrados de apurada. De paraditos. Detrás de la puerta. En baldíos o al costado de la canchita de futbol, afirmados en bolsas de papas, o en los yuyos del río.
Algunos de mis hermanas y hermanos fueron ellos mismos a hacer su partida de nacimiento. Con algún pago o regalo “pa’l encargao” de documentación de la comisaría.
—¿Cómo te querí llamar?… ¿Edad?…

Mis hermanas aprovechaban y se sacaban dos o tres añitos. Si alguno de nosotros es parecido a otro o a otra es pura casualidad. Es como si hubiéramos estado dentro de una bolsa y nos fueron sacando de a puro capricho.
Esto no nos pasaba solo a nosotros, les pasaba a todos, a todos de los de por aquí y del otro lado de la vía también. Somos “los nada, los nadie: los nadie que valen menos que la bala que los mata”.
No sabría medir la vida ni el recuerdo de mis hermanas y hermanos en años o en cifras. Sí en gestos, en abrazos, en penas, también en alegrías y hasta en ternura. Y, claro, en muertes y caminos.*

***

Recuerdo que en la militancia de los años 70 escribíamos en las paredes: “El peronismo será revolucionario o no será nada”. Por supuesto, no, no lo fue, no lo permitieron y, en sus contradicciones, fue peor que nada: el General y su ministro López Rega crearon la Tripe A, y sus muertes.
Qué país queremos, preguntaba nuestro presidente Alberto Fernández.
En mi país qué tristeza
la pobreza y el rencor.
Dice mi padre
que ya llegará del fondo del tiempo
otro tiempo.
En mi país qué tibieza
cuando empieza amanecer.

Escribía Alfredo Zitarrosa en su canción Adagio en mi país

Nuestro Presidente:
—No es posible semejantes diferencias sociales, no es justo, unos pocos tienen todo y muchos no tienen nada…

***

Recuerdo que ya más grande, en la canchita de aquí, le puse un pase regalado a Charli, que de ahí con su zurda no la erraba nunca. Se detuvo en el aire, se quedó quieto, duro.
—¡Charli! —le gritamos.
Fue levantando la mano, señalando detrás del arco.
—Charli vino a despedirse —dijo.
Nosotros no vimos nada, pero tomamos la pelota y nos fuimos a las casas. Era cierto: este otro Charli estaba recién muertito.

Así era la vida de por aquí, se moría fácil. Carli, la hermana de este Charli había muerto igual: escupiendo sangre. También Charli el Flaco y el hermano del Flaco, que no me acuerdo cómo se llamaba. Los de más arriba, pa’ este lado de aquí, le decían La Moledora.

Al Charli que le decíamos Primo Carnera porque era capo para el boxeo, que decía que había desvirgado a la hermana de este Charli, lo encontramos muerto, molido a patadas, al costado de las vías. Nunca se supo. A aquel otro, que era nuestro arquero en los campeonatos, le pusieron una cuarenta y cinco en el pecho porque estaba violando a una mujer vieja que gritaba. Como era grandote se hizo el bravo y el poli le hizo pum. Adelante, de entrada, tenía un agujerito nomas, pero atrás, de salida, un buraco enorme. El poli también era de por aquí. Su hija era hermosa. Estaba para otra cosa. En intentos nomás, se volvió loca. Loca del todo.
No tendría que haber nacido de por aquí.

Lo que me empujó a decir que ya no es que fui a buscar a la Carli de frente al álamo. Su mamá estaba lavando ropa y le pregunté por ella.
—Ahí está, en mi cama, muertita —dijo, y siguió lavando.
Había sido por aborto, con tallo de perejil y alcohol. Le entró aire y se le murió la cosa adentro. La Carli de más arriba, anduvo con mejor suerte. Ella misma cortó la tripa y tiró la cosa al pozo del baño. Esos pozos llenos de mierda y de gusanos blancos de la misma mierda.

***

El Presidente habló de la moral en política. De la moral social.
Lo permitirán, ¿lo dejarán ser? ¿Es posible? ¿En este tiempo? En aquellos 70 pecábamos de inocencia. Hoy, ¿es sólo esgrima, capoteo político? ¿O la defensa de los intereses de siempre, la de los poderosos, se ha modificado?

***

… cagando en uno de esos pozos sentí que ya no era persona, sino gusano también, y dije:
—Madre… mejor me voy nomás…
—Usted… —Inclinando la cabeza, con su mirada me buscaba los ojos.
Sus manos apartaron los pelos de mi frente. Sus manos, gastadas, en un ademán lento de danza, como si se hubiesen vestido de blanco, se quedaron ahí, en un tiempo detenido, en el aire pobre de la casa pobre.
—Usted… —repitió.
—Usted…

Sus manos vuelven a ser manos gastadas de Madre, y terminan el ademán, lento, en el aire pobre en medio de la casa pobre. Y de una vez su mirada me encuentra los ojos.
—¿Usted va a salir a la intemperie nomás?

Inclinó un poco más su cabeza. Su mirada me abrazó. Hizo un intento, de principio de sonrisa, pero ya no recordaba cómo era eso. Afirmó una mano en mi frente, sus dedos marcaron un dibujo, sus labios murmuraron.
Sentí que se abría un sol en mi espalda.
—Buen camino —dijo.

***

En coincidencia, el cura argentino Pedro Opeka, en África, más precisamente en Madagascar, ha creado una ciudad arriba de uno de los basureros más grandes del mundo, sacando de la pobreza extrema, el hambre, a más de medio millón de personas.
“Tenemos la obligación de combatir el abismo”, dice.
Su tarea se fundamenta en cooperativas.

Señor Presidente de éste nuestro suelo, entonces, sí es posible. Con nuestra diferente y propia realidad. El papa Francisco, argentino, ha hablado también del combate a la pobreza, aunque el Vaticano invierta en la fabricación de armas y posee uno de los mayores capitales de la tierra. ¿Hombres? Hombres insertos en nuestro único mundo.
No, no vamos a darle argumentos al enemigo, pero sí revisar nuestras tremendas contradicciones, o no seremos nada. “Humanamente”… ¿Importa esa palabra? Nada. Suena simple y otra vez hasta inocente: habrá que fundamentarse en nuestras coincidencias, en aquellas viejas designaciones que no han perdido vigencia: cabecitas negras, descamisados. Siguen siendo los mismos. La pobreza sigue siendo la misma, el hambre es la misma.
Que se deje de comer cartones, Sr. Presidente. ¿Hasta qué siglo será el juego de la politiquería de los hombres?
La injusticia social, en general, en nuestra Latinoamérica no se ha modificado. Y la pobreza no tan solo sigue ahí: se ha acrecentado, se ha profundizado, se hizo más cruel y presente.


Se trata de lo básico: hambre. Comida. Miseria y su significado y sus alcances. Después es posible hablar de lo básico de la salud, hablar de lo básico de educación, hablar del techo y más salud, algo de comida y más educación y, por siempre, educación y más educación.

La pobreza no es natural.
Es creada por el humano y puede superarse
y erradicarse mediante acciones
de los seres humanos.
Erradicar la pobreza no es un acto de caridad.
Es un acto de justicia.

Dice Nelson Mandela.

Si la pobreza se modifica, la miseria como desgracia provocada, obviamente se modificaría todo, a otro orden; sí, lo primero que se debe modificar es el “sistema de pobreza”. Debe ser, claro, una compleja resolución de política social. Un nuevo orden, suena a discurso político barato: más justo, más equitativo, más equilibrado. Pero es solo con la participación del Estado que podemos pretender la utopía de acercar las asimetrías sociales, económicas, culturales, políticas.
Más allá de la utopía: que prime la cordura ¡…! Una sociedad con rostro humano, debemos salir de este camino, encontrarnos en lo colectivo, con urgencia, debemos ser capaces en el uso de un sentido práctico, o nos encontraremos con la necesidad de muchas muertes, muchas. Los dueños del poder y sus privilegios, deberán matar a demasiadas gentes, millones, para conservar sus diferencias, sus privilegios, criminales, porque la miseria, no es otra cosa que un crimen.
Las favelas de Brasil son hormigueros, hormigueros de miseria. Son millones.
En Brasil, las agencias de viajes ofrecen en sus excursiones visitar favelas, como un atractivo más. Es posible que el fenómeno de la miseria, para la clase social de los poderosos, sea un atractivo turístico. Sacarse fotos con semejante paisaje de fondo. No es un sitio cualquiera: es una herida, una herida en la mitad del pecho. No es una puesta en escena del descenso de la condición humana. No es un simulacro, ficción y mentira. Nada poético. Capturar en una foto la desgracia de la miseria que somos capaces de generar. Es también maximizar la eficiencia de que, en un instante, si queremos, en un soplido, los podemos hacer desaparecer. El paisaje transmuta también.

Sabemos que es igual en México, en Argentina, en Colombia… en Estados Unidos. Millones. No es difícil imaginar que es esa la misma miseria, la misma herida, que ya nos rodea y carcome. Ya, en toda la tierra. ¿Cuánto más? Estamos inmersos, todos, todos, en ella. El paisaje se trasmuta. Porque ya no se puede más.
Y si las hormigas salen de sus cuevas y se echan a caminar, los poderosos van a tener que usar mucha, mucha fumigación, y muchas pandemias, y muchas armas para poder matar a tantas.
Y habrá consecuencias colaterales no calculadas.
Si los hombres y las mujeres y los niños de la miseria de nuestra Latinoamérica salen de sus cuevas de cartón y lonas percudidas, vetustas cuevas, y se echan a caminar, por andar, porque como especie nos corresponde andar, o porque ya no se puede más -ya no más-,
entonces no alcanzará el miedo que se pueda crear, ya no alcanzarán las pestes ni las pandemias, ninguna será suficiente, los poderosos del mundo van a tener que usar mucho su poderío y cubrir la tierra de cadáveres.
Y habrá consecuencias colaterales no calculadas.
Porque, entonces, es probable que nos arranquemos los ojos con las manos, que nos devoremos a dentelladas, peores que lobos, de hombres contra los hombres.
Por Dios, por si existe un Dios, por todos los dioses, por piedad, por justicia, por urgencia, por humanidad. Debemos modificarnos, debemos cambiar.
Es necesario definir y parir una nueva era, en lo básico, es una acción, obviamente, política. Otro orden, otro orden, desconocido, nuevo. Deberían, de una vez, los poderosos dueños del mundo considerar que se ha fracasado. Que ya no vale la avidez, la acumulación, que semejantes palabras ya no deberían estar en el proyecto Tierra. Ya no el uso de un dios sólo para intereses selectos, ya no, ya señores, antes de que el mundo estalle.

No sé con qué armas será la tercera guerra mundial, pero la cuarta será con palos y piedras. Albert Einstein.

Trigal con cuervos, detalle, Vincent Van Gogh

—Sí, sí, Madre. Voy a salir. A ver si encuentro ese mundo, ese reino con rey sin corona, que usted nos contaba. Donde los príncipes azules andan en bicicleta por calles de tierra, ¿se acuerda? Donde las hadas vuelan, aun con las alas remendadas a traer el trigo… el trigo del mejor abril. Donde los reyes, los hombres y las mujeres son nuestros, y son iguales. Cortamos juntos la caña del azúcar, recogemos la cosecha y entre todos hacemos el pan, ese mundo sin hambre, Madre… que usted contaba… Sin hambre… sin hambre…

Fotograma de Diagnóstico esperanza, de César González

*Fragmentos de Intemperie, novela inédita de Coco Barraza

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