Por Coco Barraza

a T T

Estando en la militancia un compañero me invitó a una reunión en la Capital.
Ahí estabas. En la cabecera de una larga mesa. Al oírte sentí admiración por vos. Resultó que ese mismo compañero era tu hermano, te acercó a saludar. No sé qué estupidez dije y vos estallaste en una risa abierta, transparente.
—Gracias, me hiciste reír —dijiste.
Nos miramos en silencio un momento y yo supe que me quedaría en Buenos Aires.
Si pudiera conversar contigo esta noche T T, te diría que pude hacer caso a tu última consigna:
—Vive, escapa, vive…

Fue bueno a pesar de tu ausencia. Logramos vernos aún después de tu paso a la clandestinidad. En aquella juntadera urgente de dinero. Entre compañeros, vendiendo lo que se podía para sacarte del país. Después te vi, ya arriba de ese barco que te llevaría a España. Escondido entre la muchedumbre. Sin levantar la mano para que no desaparezcas.
Pero no sabíamos lo ilimitado del horror.

Te obligaron al regreso. La extorsión a la familia, el asesinato de la abuela.
Lograste el blanqueo. Evitaste ser una NN. Los años de cárcel, la tortura, el internado, el ya no recuperarte hasta tu muerte…

Te diría T T. que fueron hermosos estos años de vida, a pesar de respirar un aire que ya no era tuyo.
—Vive, escapa, vive…

Lo logré. De sus manos lo logré. De pura suerte mía, o por ese ángel clandestino que me acompaña. Y claro: por el vecino de la carnicería del frente, que me hizo señas y por sus perros que no ladraron. En el techo de trenes que van al norte, colgado en vagones de carga, durmiendo de día en montes, cruzando ríos, hasta el temido de la frontera. Te diría… “Hay que calcular la corriente arrojando troncos, al amanecer, con algo de luz, kilómetros antes del puesto, dejándote llevar. Sin forzar en los remolinos”.
—Sos bueno en el agua —decías… ¿te acuerdas?

Me atrevería a decirte que fue hermoso vivir contigo la pretensión de ese tan manoseado mundo nuevo. Te diría que valió la pena, T T. Me persigue a veces el repique de cascos de caballo en el asfalto. El olor a pólvora mezclado con el silbido de nuestras piedras. El caño de la “cuerno de chivo” en la nuca. Los dientes apretados a la espera de un disparo que no llega.

—Movete. Respirá fuerte, hijo de puta, así te vuelo la cabeza.

Fue válido hasta el miedo contigo, elaborar panfletos, pintar paredes:
“El peronismo será revolucionario o no será nada”
Nos quedó en los huesos el llanto por tantos muertos. Los errores, el absurdo, la derrota. Y aquel anochecer en que dijiste:
—Me van a matar. Si llegamos, quisiera ser mamá, todas las veces que lleguemos.
Y reíste con tus ojos llenos de agua, y tu cuerpo aún envuelto por el humo de los gases.
—Quisiera que vos seas el papá.
Aunque no pude ni supe vivir a nuestros hijos, fue un privilegio que me hayas elegido.

En la más absoluta confusión. En aquella oscuridad. Fue hermoso contigo, aquel intento de tomar el cielo por asalto. Aún hoy digo que valió la pena. Pero vos sos la que no está.
Sabíamos de la posibilidad, pero me he quedado sin consigna, Compañera.
Por una Plaza de Mayo sin vos. Por esta vejez en Europa. Nieva este viernes en Italia, ¿sabés? Por la risa de un niño. Por sentir el mar. Por cada amanecer te diría, T T… Perdón… perdón… perdón.


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